lunes, 17 de septiembre de 2018

Un Cuento



El hombre y la mariposa

La gran encina se encontraba en medio del trigal amarillo. Muchos años habían pasado por su retorcido tronco y Lucas, desde niño, la había visto crecer y crecer adoptando su ramaje formas cada vez más enredadas. 

En sus largos años, había sido hogar y reposo de centenares de pájaros. Algunos formaron nidos de sorprendente peso y tamaño, pero sus ramas siempre fueron fuertes y resistentes. Pollos de Águila culebrera, Águila perdicera y hasta una imponente Águila Imperial, echaron a volar desde lo más alto de su copa para que, pasado el tiempo, nuevas generaciones volvieran a criar en tan grato alojamiento. También los pájaros pequeños hicieron sus nidos como buenos vecinos entre las ramas más frágiles, y así, carboneros, pardales y pinzones con su piar, despedían cada tarde la puesta de sol con gran alegría. 

Lucas decidió sembrar la tierra de trigo candeal en una època de hambruna sin precedentes. Vio como otras gentes del pueblo discutían por la carne y la leche que eran difíciles de encontrar, y pensó que con la harina que sacara, él y su familia estarían abastecidos de pan durante todo el año. La encina estaba en medio del terreno y algo de grano quitaría al no poderse sembrar, pero la sombra que proporcionaba en verano durante la cosecha, compensaba la poca harina que de su espacio podrían sacar.

Durante el invierno la encina permanecía como muerta, pero no era así, había vida a su alrededor y las blanquinegras urracas de las pequeñas bellotas se aprovechaban. ¡Y qué envidia daba a los largos árboles del soto que no tenían más que ramas desnudas y hojas secas en su base!. La encina mostraba un verde algo más oscuro, pero estaba llena de hojas y vitalidad en todas sus ramas. En primavera unas pequeñas flores la adornaban como una joven cercana al matrimonio, y en verano el canto de las cigarras ensordecía, mientras el sol caía en la cabeza como plomo. La mejor estación era sin duda el otoño, cuando los frutos ya maduros, caían como lluvia a poco que el viento removiera levemente sus ramas. Multitud de animales se aprovechaban de tan rico manjar y la vida en derredor brotaba con movimientos gráciles y rápidos.

Año tras año Lucas vio la encina crecer y robustecerse. Él en cambio más débil y achacoso se encontraba. Un bastón hecho con una de sus ramas era ahora su apoyo esencial, y aunque ya no podía cosechar el trigo que seguía creciendo alrededor, su espalda encorvada le recordaba el duro trabajo que había realizado. 

Y así llegó a sus últimos días y mirando el robusto árbol sentía su vida acabar. No tenía pena pues la nueva estirpe, sus hijos y nietos, seguirían cultivando y recogiendo, mientras el enorme árbol les cobijaría bajo su copa donde estarían seguros, como seguro se sintió él cuando era joven.
Caminando lentamente, apoyando su curvado cuerpo en el bastón, paseaba por el camino cercano al lugar. Al detenerse en uno de los muchos descansos que necesitaba, escuchó un sonido. Era viento que formaba remolinos en el polvo del camino, y ese viento, enredado con el árbol, en susurros le llamaba. 

Se acercó atravesando la tierra arada del invierno, con gesto dolorido se sentó como pudo y, dejando su bastón junto al tronco del que naciera, acercó su cara arrugada a la corteza de estrías profundas y marcadas. Abrigado con su gruesa capa de lana y la boina bien calada, no tardó en quedarse dormido y así, soñando bajo su árbol, repasó toda su vida desde niño cuando jugaba.

No se despertó del sueño, pero bajo su capa una mariposa amarilla apareció  volando alegremente, subió y subió hasta la rama más alta donde la primera flor de ese año con timidez ya brotaba. 

Todo se juntó en un mismo punto y la rueda del destino volvió a girar: Una vida que llegaba a su término, y un nuevo comienzo que ya empezaba a despertar.

                                                                                                            
                                                                                                                  Luis Fernando González

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